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La barra de azufre: mito o verdad

Los romanos y griegos entre otros, utilizaron los baños termales buscando efectos curativos por su elevado contenido en minerales, entre ellos el azufre. Esta práctica pierde popularidad hasta mediados del siglo XVIII que recupera adeptos.
Un siglo después los italianos introducen en la Argentina las barras de azufre generando una controversia que se mantiene hasta nuestros días: ¿produce o no efectos curativos en tortícolis, lumbalgias, dolores reumáticos?

El cientificismo opina que: “Todo lo que no se demuestra es empírico” sosteniendo que el efecto curativo de la barra de azufre es puramente psicológico.

Los que no responden a una línea científica ortodoxa expresan: “En ocasiones, buscar explicaciones en la ciencia nos muestra sus límites dentro de la infinitud. A veces hay que creer y sentir, no buscar siempre el sustento científico y bibliográfico que nos de paz” agregando: “la barra de azufre tiene efecto curativo”.

El cientificismo aclara: la barra de azufre es porosa y tiene celdillas de aire en su interior. Al pasarla sobre la zona inflamada el calor dilata el aire y las celdillas se rompen, produciendo un ruido (crepitación) característico que por un efecto psicológico nos da sensación de alivio.

Los no ortodoxos expresan: enfermarse, produce un desequilibrio de nuestra energía. Al pasar la barra del azufre, limpiaría el campo energético absorbiendo la electricidad estática del cuerpo, al hacerlo colapsa y como no se pude expandir, crepita y se rompe al liberar esa energía. Sustentan esta teoría afirmando que la llegada de la cámara Kirlian, permitió fotografiar el aura o campo energético mostrando la diferencia: antes (manchas negras) y después de pasar azufre (ausencia de manchas negras)

Lo cierto es que aún no es posible definir a ciencia cierta cuál de las dos posturas es la verdadera.

Cierto día una colega me ha dicho: “Ernesto, si un paciente me dice que el agua de la canilla lo cura yo le digo que beba agua.”